Es un asunto que ha ocupado la mente de los grandes pensadores de la historia, especialmente de los filósofos. Desde las primeras concepciones de Platón hasta las aportaciones de Descartes y Kant muchas corrientes de pensamiento han tenido su origen en la búsqueda de su solución ultima, sin embargo en los albores del siglo XXI sigue siendo un problema con una solución inacabada y no definitiva.
Los estudiosos de la filosofía del conocimiento han divagado y propuesto múltiples teorías a raíz de este problema, pero en muchas ocasiones se han enfrascado en discusiones que terminan siendo áridas y no llevan a una solución real.
De otro lado se han podido unificar algunos criterios que sugieren que su solución debe responder a 5 preguntas fundamentales a saber:
1. La posibilidad del conocimiento humano ¿puede realmente el sujeto aprehender el objeto?
2. El origen del conocimiento ¿es la razón o la experiencia la fuente del conocimiento humano?
3. La esencia del conocimiento humano ¿es el objeto quien determina al sujeto o es al revés?
4. Las formas del conocimiento humano ¿el conocimiento es racional o puede ser intuitivo?
5. El criterio de verdad ¿cómo sabemos que nuestro conocimiento es verdadero? (HESSEN & Romero, 1970)
Para dar continuidad a esta disertación se busca responder en alguna manera las cinco preguntas precedentes, que en opinión de los estudiosos de la materia deberían determinar y zanjar completamente el problema que aquí se trata, haciendo la salvedad que más de dos mil años de filosofía no han podido dar una respuesta única y definitiva a tales preguntas. En otras palabras la pretensión es exponer el punto de vista frente a cada uno de estos interrogantes, teniendo en cuenta por su puesto las consideraciones históricas que se han hecho de cada una de ellas.
En el primer cuestionamiento cabe resaltar que los objetos son percibidos por los sujetos a través de los sentidos y que esta percepción “En los niveles eleva¬dos de la civilización, es la praxis humana consciente la que determina in¬conscientemente no sólo el lado subjetivo de la percepción, sino en buena medida también el objeto” (HORKHEIMER, 2003, pág. 1). De acuerdo con esta afirmación es el sujeto quien realmente aprende el objeto, puesto que son sus sentidos y su praxis la que define el objeto y no el objeto el define al sujeto, siendo este construido en la mente del individuo de acuerdo con sus apreciaciones propias, por la forma como ve el mundo y por la realidad histórica que le toca vivir, es decir, los conceptos “están configurados por la actividad humana” (HORKHEIMER, 2003, pág. 1).
Para poner un ejemplo, el concepto de belleza y la forma como un individuo la percibe, está absolutamente determinada por la mente del observador quien define si el objeto es bello o no, pero también por el momento histórico, puesto que las cosas que se han considerado hermosas en alguna época, en otra puede ser absolutamente percibidas como antiestéticas. Cabe mencionar los estilos de mobiliario, en la época barroca las formas cargadas de arabescos y tallas sofisticadas eran percibidos como objetos hermosos, pero en la década del 60 del siglo pasado, los objetos con líneas simples eran percibidos como tal.
Desde este punto de vista es el sujeto el que realmente aprehende el objeto, si bien este aseveración no es compartido por todos, puesto que para ciertos pensadores como por ejemplo los seguidores del escepticismo “el conocimiento no es posible, el sujeto no puede aprehender al objeto” (HESSEN & Romero, 1970).
Sin importar el punto de vista que se siga es imposible determinar quién tiene la razón, debido a que de una u otra forma la respuesta definitiva está dentro de cada sujeto, pues es su percepción la que realmente puede dar una respuesta, en otras palabras la respuesta a este cuestionamiento está en cada individuo, lo que permite afirmar que existen tantas respuestas como sujetos la aborden.
Si la razón o la experiencia es quien determina el conocimiento, es aún más difícil de contestar. Si se aborda desde el punto de vista de las ciencias físicas, la experiencia determina el conocimiento, pues son los hechos reales y demostrables haciendo uso de la práctica, la que determina el conocimiento. Peros si se aborda desde las matemáticas, una ciencia eminentemente dependiente de la razón, es el racionamiento quien determina el conocimiento.
Los filósofos antiguos pretendieron entender el mundo desde la razón pura, sin embargo durante el renacimiento es la experiencia la que se consideró constructora de conocimientos. Pensadores como Kant, intentaron mediar en la cuestión estableciendo que tanto la práctica como la razón son importantes para la adquisición del conocimiento. Sin embargo es posible afirmar que ninguna de estas posturas permite dilucidar con claridad la solución del cuestionamiento, porque es el individuo mismo con sus diferencias el que adquiere el conocimiento de una u otra forma, para algunos es menos complejo a través de la experiencia, pero para otros lo es a través de la razón.
Un ejemplo de los razonadores puros puede ser Albert Einstein, quien de manera teórica elabora sus hipótesis buscando su comprobación haciendo uso de la razón, tanto así que predicciones hechas por sus conjeturas pudieron ser demostradas haciendo uso de la observación.
Si el objeto determina al objeto o viceversa, es otra discusión en la que podrían crearse tratados y tratados sin llegar a una conclusión final, pero lo que resulta más lógico pensar es que es el individuo quien determina el objeto, haciendo uso de sus sentidos y de la interrelación con él, pero de ninguna manera puede afirmarse categóricamente que es esta la última opinión que se puede dar al respecto. Vuelve aquí a primar la percepción del individuo así como el momento histórico que vive.
Si se planteara el interrogante desde la razón pura, son los sentidos del sujeto quien determina el objeto con sus características individuales, tales como color, forma, olor entre otros muchos. En esta apreciación es altamente significativo el sujeto puesto que el objeto se forma en su mente de una manera particular, pudiéndose afirmar que dicho objeto queda completamente determinado en su ente mental.
Es reiterativo en este punto entender que las realidades de cada sujeto son las que permiten la determinación exacta del objeto y esta depende directamente de la interrelación entre objeto y sujeto.
Para disertar sobre sobre las formas del conocimiento humano decir que es puramente racional es una falacia, puesto que no todo conocimiento lo es, muchos de ellos son intuitivos. La intuición ha sido una herramienta fundamental en el desarrollo del conocimiento humano.
Si se hablara por ejemplo de la ley de gravitación universal de Isaac Newton, el intuyo que debería existir algo que atraía los objetos hacia la tierra, fue este acto intuitivo el que le permitió posteriormente con el uso de la razón, establecer una ley universal que a pesar de los grandes avances en el campo de la física, sigue siendo absolutamente valida.
Lo mismo podría decirse de la teoría planetaria de Kepler, todo empezó con un acto intuitivo para convertirse luego en otro completamente racional.
Puede decirse entonces que el conocimiento es un hibrido entre la razón y la intuición, a pesar de que muchos no lo consideren así, puesto que no existen individuos absolutamente racionales o absolutamente intuitivos.
En cuanto al criterio de la verdad, se puede conjeturar que de todas las respuestas dadas, está es la más subjetiva de todas, puesto que lo que para un grupo de individuos es una verdad irrefutable, para otros no lo es.
Esta es una afirmación que puede llevarse directamente al campo del conocimiento humano, debido a que lo que para algunos es un conocimiento verdadero para otros puede no serlo.
Cabe citar aquí un ejemplo relacionado con ciertas pseudociencias, como la para sicología, sus practicantes dicen tener el conocimiento verdadero, último, pero los que consideran que todo debe ser demostrado piensan lo contrario.
Decir entonces que se tiene el conocimiento verdadero o no, es una cuestión que no podrá determinarse de forma clara. Se vuelve entonces al dilema expresado con anterioridad, todo depende de la óptica y del individuo.
Para concluir sea hace necesario entender que el problema del conocimiento humano, visto desde las cinco preguntas propuestas al inicio, es un problema que no podrá ser dilucidado completamente, puesto que las respuestas a dichos cuestionamientos son subjetivo y dependen directamente del individuo que las responde.
La percepción del mundo y sus realidades está determinado por cada individuo, existen tantas respuestas como individuos respondan, lo que deja un compás abierto a diversas interpretaciones, cada una con el tinte particular de cada sujeto.
La verdad y el conocimiento son conceptos que jamás podrán ser definidos de una manera absoluta, ya que no solo son determinados por los sujetos si no por el momento histórico que se vive, en otras palabras el concepto de verdad y conocimiento tienen una dependencia directa con la historia, y como esta es cambiante estos también los serán.
Aunque muchos pensadores han querido establecer sus criterios como únicos, la realidad muestra que esto no es así, ni será completamente definitivo.
Para cerrar, ni siquiera las opiniones expuestas en las líneas precedentes podrán ser consideradas verdad o conocimiento verdadero, sin tener en cuenta el punto de vista y la forma de pensamiento de quien las lee.
BIBLIOGRAFIA
Hessen, J., & Romero, F. (1970). Teoría del conocimiento. Espasa-Calpe.
Horkheimer, M. (2000). Teoría tradicional y teoría crítica. J. Muñoz (Ed.). Paidós.